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Full text of "Los falsos dioses : sátira en un acto y seis cuadros"

4 5 O 5 

LUIS r>K LARRA 



bs falseo 




S Á-TIR-A. 



en un acto y seis cuadros, original 



MÚSICA DEL 



MAESTRO TORREGROSA 









I § í I 




eopvrigtli, bv Luis de Larra, 1907 

2*£JS±22TIXZD 

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 

Núñez de Balboa, 12 



LOS FALSOS DIOSES 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en 
jEspaña ni en los paises con los cuales se hayan cele- 
brado, ó se celebren en adelante, tratados internacio- 
nales de propiedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traducción. 

■Los comisionados y representantes de la Sociedad de 
Autores españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 



Droits de represen tation, de traduction et de repro- 
duction reserves pour tous les pays, y compris la Sué- 
de, la Norvége et la Hollando. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



LOS FALSOS DIOSES 

sr» un acto y ssis cuadros 



ORIGINAL, DE 



I^ÜIS 3OJE0 L4RRA 



MÚSICA DEL 



MAESTRO TOBREGROSA 



Estrenada en el TBATRO CÓMICO de Madrid, el 30 de 
Octubre de 1907 



■*- 



MADRID 

11. Velasco, impresor, Marqués de Santa Ana, 11 
leicfono número 551 

1907 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 



CUADRO PRIMERO.- ¡El nuevo Redentor! 

EL NUEVO REDENTOR Sr Ponzano. 

EL SECRETARIO DE REDACCIÓN Delgado. 

UN REPÓRTER Castro. 

CUADRO SEGUNDO.-Todo Dios 

EL NUEVO REDENTOR Sr. Ponzano. 

i Sra. Franco. 



REMOLACHAS 

f Coro. 

Srta. Anchorena. 

CAJETILLAS { Román. 



LOS ODIOSOS, 

MONOPOLIOS.. ( ^ OR °- 

CAJAS DE CERILLAS.) Seta. Blahc. 

i í Coro. 

f EL MONOPOLIO DE LA 

[ MORALIDAD Srta. Loreto Prado. 

EL DISTINGUIDO SPORTMAN Sr. Chicote. 

LA ALEGRE PRIMAVERA. . Sra. Franco. 

EL INAGUANTABLE VERANO Srta. Blanc. 

EL PLÁCIDO OTOÑO Girón. 

EL CRUDO INVIERNO Saavedra. 

EL SUFRIDO OBRERO Sr. Chicote. 

CAJISTAS y MAQUINISTAS Coro de hombres. 

MONOPOLIOS Coro de señoras. 

CUADRO TERCERO.— Dioses del arroyo 

LA INCONSOLABLE VIUDA Sra. Franco. 

EL APUESTO JOVEN * Sr. Llaneza. 

EL FAMOSO BANDIDO Soler. 

EL FEROZ CRIMINAL Ripoll. 

EL TERRIBLE ANARQUISTA Castro. 

LA POBRE CHICA Srta. Loreto Prado. 

EL HONRADO COMERCIANTE Sr. Chicote. 

i González. 

LOS POBRECITOS FRAILES Ortiz. 

( Morales. 



669340 



CUADRO CUARTO.— tos endiosados 

LA VIRTUOSA SEÑORA , Sbta. Blanc. 

EL COMPETENTE MINISTRO Su. Llankza. 

EL PROBO FUNCIONARIO Chicote. 

EL ACTIYO SECRETARIO Morales. 

EL CARACTERIZADO REPUBLICANO .... Ripoll. 

UNA TÍA ORDINARIA Srta. Loketo Prado. 

EL ELOCUENTE ORADOR Su. Soler. 

LA EXIMIA ESCRITORA Sra. Castellanos. 

EL ARROJADO DIESTRO Se. Delgado. 

EL INFATIGABLE PROPAGANDISTA González. 

EL CONSECUENTE POLÍTICO Górriz. 

EL EMINENTE JURISCONSULTO Borda. 

CUADRO QUÍXTO. -Dioses de guardarropía 

EL APLAUDIDO AUTOR Sk. Llaneza . 

EL INSPIRADO COMPOSITOR Castro. 

EL ACTIVO EMPRESARIO Ripoll. 

EL CELOSO INSPECTOR Soler. 

CUADRO SEXTO. -I-a danza de los Dioses 



SbTA. AN CHOREN A. 

Román. 
LOS i Se. González. 

MOBALES. 
PÉREZ. 

LOS EXPULSADOS ¡ ' 

LOS TEMIBLES .1 Coro de senoe.s. 

LOS INOFENSIVOS Coeo general. 

LOS CURSIS.... | SRTA.BLA»o. 

i Se. Delgado. 

LAS SUGESTIVAS | f RA ' 5*™ ' 

l Seta. Gieon. 

LOS POSTERGADOS.; ...¡ a ^aavedea. 

I Se. Ponzano. 

LOS SATISFECHOS ¡ f™. Loeeto Prado. 

f Se. Chicote. 



El decorado de esta obra ha sido pintado por el escenógrafo señor 
Martínez Garí, y el vestuario confeccionado por el Sr. Vila. 



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ACTO ÚNICO 



CUADRO PRIMERO 
El nuevo Redentor* 

Despacho del Director de un periódico: en las paredes, colgados de 
ganchos de alambre, diferentes números de periódicos de Madrid, 
con el título bien visible. Dos mesas de despacho, una más mo- 
desta que la otra, Retratos por las paredes y muebles de despa- 
cho lujoso. 

Al levantarse el telón aparece El Nuevo Redentor, hombre jo- 
ven y distinguido, sentado á la mesa más lujosa, y el Secretario 
de Redacción á la otra, que estará enfrente. 

ESCENA PRIMERA 

El NUEVO REDENTOR y el SECRETARIO 

Red. ¿Ha terminado usted los besa la manos para 

los directores de los periódicos? 

íSec. Me faltan el de el Heraldo y El Liberal. 

Ked. Pues termínelos para que los lleven en se- 

guida. 

Üec. ¡Mire usted que nos van á crucificar por 

meternos á redentores! 

Red. Nada me acobarda. (Levantándose y acercándose 

al secretario.) ¡Si los demás directores de los 
periódicos de Madrid están conformes con 



— 8 — 

mi salvadora doctrina la campaña durará 
poco tiempo, porque desterraremos de Es- 
paña la eterna mentira, con la que nos en- 
gañamos los unos á los otros: si lo que no 
creo me dejaran solo, la campaña será más 
larga, pero mi triunfo será más personal y 
más grandioso. 

Sec. ¿Pero qué se propone usted? 

Red. Convencer á mis compañeros de que de to- 

dos, absolutamente de todos los males que 
pesan sobre España tiene la culpa la pren- 
sa, y solóla prensa. 

Sec. ¡Hombre, hombre, eso es grave! (Levantan- 

dose.) 

Red. Unas veces por simpatía, otras por benevo- 

lencia, otras por compromisos personales ó 
de partido, nos pasamos la vida haciendo 
grandes hombres de los que no son más 
qua medianías, cuando no inutilidades. Los 
hombres se engríen, se endiosan, se creen 
de buena fe todos los adjetivos encomiásti- 
cos que les prodigamos, y el bombo y el 
platillo tocados á diario, en honor de quien 
menos lo merece, ha dado por resultado 
que cada hombre se crea un sabio, un hé- 
roe... un Dios soberbio é inviolable... 

Sec. También hay hombres de talento que. . 

Red. Esos no se endiosan, porque el talento ver- 

dadero es siempre modesto y no necesita 
quien le consagre. A los que me propongo 
inutilizar para siempre es á las medianías 
consagradas en dioses, que no son más que 
dioses falsos de guardarropía. ¡Fuera care- 
tas y caiga el que caiga! Al tonto hay que 
llamarle tonto; al ladrón, bandido; al cobar- 
de, gallina. £e acabaron los adjetivos altiso- 
nantes que tenemos almacenados en las re- 
dacciones para cada imbécil que nos es sim- 
pático. 

Sec. Reflexione usted, qué vamos á tener tantos 

enemigos como españoles. 

Red. Cuando la gente te aperciba de que vamos 

derribando ídolos que nunca debieron lle- 
gar á serlo, la opinión estará con nosotros. 



9 — 



Sec. Le van á usted á llamar el nuevo Redentor. 

Red. Que me lo llamen, y si no sirvo para el caso 

que me crucifiquen. 
Sec (Ja, ja! ¡Le veo á usted en la cruz! 



ESCENA II 

DICHOS y el REPÓRTER 

Rep. ¿Da usted permiso, señor Director?... 

Red. Adelante, Ramírez, ¿qué ocurre? 

Rep. Me hace usted el favor de darme la llave 

del cajón de los adjetivos 

Red. ¿Qué cajón es ese? 

Rep, ¡Ah! ¿Pero en este periódico no hay eso?... 

Pues en las redacciones que yo he estado, 
para hacer la sección de noticias no tenía- 
mos nada que escribir... Estaban hechos ya 
los moldes y solo había que cambiar los 
nombres. 

Red. ¿Lo está usted viendo?... ¡Aquí no hay adje- 

tivos! 

Rep. ¿Pero cómo voy á hablar de una duquesa 

sin llamarla filantrópica?... 

Red. ¡Aunque no hayan dado un cuarto á nadie! 

Rep. ¡Costumbres!... Ya ve usted, yo iba á dar 

cuenta del discurso que pronunció ayer Pé- 
rez Ramírez en el miting, y tengo que decir 
el elocuente orador... 

Red. ¿Pero cómo va á ser elocuente si es tarta- 

mudo? 

Rep. ¡Como es amigo! [Costumbres! 

Red. ¡Se acabaron las costumbres... y los amigos!... 

¿Qué más traía usted? 

Rep. Troncoso, el oficial de Hacienda, que ha 

ascendido otra vez y necesito decir el probo 
funcionario... 

Red. ¿Probo? ¿Pero no fué ese el que desfalcó en 

Tesorería y se guardó ochenta mil duros? 

Rep. ¡Costumbres! 

Red. ¡Bonitas costumbres tiene el probo!... 

Rep Como es sobrino de... ya sabe usted... 



— 10 — 

Red. Pues diga usted en la noticia, el sobrino 

granuja del pillo de su tío... 

Sec. ¡Ja, ja! 

Rep Quien escuche eso... 

Red. ¡Yo, y en adelante todos... y los pillos á la 

cárcel... y los tartamudos que no pronun- 
cien discursos!... Huy que romper los mol- 
des viejos del periodismo rutinario. No ha- 
blamos de nadie tal y como es... sino enga 

ñándonos Constantemente. (Exagerando en toda 
la obra los adjetivos subrayados.) No hay Coronel 

que no sea bizarro, ni diestro que no sea 
arrojado, ni viuda que no sea inconsolable, 
ni muerto que no sea malogrado... ¡La men- 
tira eterna! ¡La comedia humana! ¡Basta de 
farsas! ¡Abajo los dioses... los falsos dioses 
de la civilización moderna! ¡Ahí va mi ar- 
tículo de fondo! (Al ir á entregar unas cuartillas 
se hace oscuro de pronto, y en el mismo oscuro 

MUTACIÓN 

CUADRO SEGUNDO 
-Todo Dios! 

Gran salón de máquinas de la imprenta de un periódico, mitad fan- 
tástico, mitad modernista. • 

Al levantarse el telón está en prensa el periódico y todas las 
máquinas funcionan; y cajistas, maquinistas, etc., trabajan: mucha 
luz, mucha vida y mucho movimiento. 

En primer término y en pequeña mesa alegórica, El Nuevo 
Redentor escribe. 

Fuerte en la orquesta para la mutacióu y el ruido de máqui- 
,nas: después apiana mientras habla El Nuevo Redentor, y ataca 
el número á la salida de los monopolios. 

ESCENA III 

EL NUEVO REDENTOR, CAJISTAS, MAQUINISTAS, á poco LOS 
ODIOSOS MONOPOLIOS, representados: las Remolachas por una ti- 



— 11 — 

pie y cuatro señoras del coro con trajes alegóricos; las Cajetillas, 
por otras cuatro coristas y otra tiple, en trajes que representen el ta- 
baco, y las Cerillas igual número de artistas simbolizando las cajas 
de cerillas de diez céntimos: á poco el monopolio de la Moralidad; 
Loreto Prado ha vestido este personaje con traje de raso negro, de 
coupletista, adornado con grandes hojas de parra, de raso verde: pe- 
luca blanca y gafas 

Red. ¡Poi* fin va á llegar la hora de mi triunfo! 

El primer número del periódico está en 
prensa. Su título es valiente y atrevido. ¡Los 
falsos dioses! ¡Adelante, obreros! yo también 
soy obrero de la inteligencia. A trabajar con 
fe. Ya he terminado mi primer artículo. Se 
titula: ¡Los odiosos monopolios! ¡pido para 
ellos la libertad absoluta de comercio! (Escri- 
be y aparecen los personajes.) 

Música 

Todos ¡Aquí están los monopolios 

más famosos en España, 
protejidos y ensalzados 
y de renta saneada! 
¡Aunque algunos nos combaten 
no nos pueden destronar, 
pues tenemos consejeros 
de primera calidad! 
¡Y esta es la verdad! 
¡Consejeros que tienen la breva 
y ni á tiros la quieren soltar! 



Rem . Para endulzar esta vida, 

que de por sí ya es amarga, 
hízose el trust del azúcar 
y surgió la remolacha. 
Yo sé, y ustedes io saben, 
que ha estado el trust en un tris, 
pero ya tiene licencia 
para explotar al país. 
Una vez que ya estoy exprimida 
yo me vendo en terrón y molida 
y aunque dicen que no endulzo nada, 



— 12 — 

es mentira y mentira probada, 
pues endulzo al que tiene una acción 
ya molida, ya estando en terrón! 
Cer. ¡Las cerillas de cocina 

traen locos á los caseros, 
porque del humo que sueltan 
se ensucian todos los techos; 

y las cerillas inglesas 
no hay quien las quiera comprar 
porque dan cada petardo 
que ni el Gobierno los da. 

¡Compre usted en cambio 

de estas de gomitas 

que hoy están de moda 

por las estam pitas, 

y que si son caras 

en compensación 

para que arda una 

hay que encender dos! 



Caj . Como sabe la ilustre 

Tabacalera 
que el fumar es un vicio 

de los peores, 
vende siempre un tabaco 

que de^espera, 
para ver si se cansan* 
los fumadores. 
Pero los hombres 
todos á una 
pasan la vida 
fuma que fuma, 
y mientras tanto 
por su fortuna 
los accionistas 
¡chupa que chupa! 
Ni se pué fumar, 
ni se pué tomar 

en rapé; 
esto es rejalgar 
y el fumador 
va á reventar. 



— 13 — 
TODOS (Mirando á la izquierda.) 

Ahí viene el monopolio 

(Exagerado.) 

de la moralidad, 
que los conservadores 
han dado en explotar. 
Aquí no come nadie 

(Con guasa.) 

ni hay crédito ni ná, 
pero este monopolio 
nos va á regenerar. 

(Hace salida la Moralidad, marcando los pasos exage- 
radamente á compás; los personajes asustados, también 
á compás, retroceden exageradamente, hasta que baja 
al proscenio la Moralidad y tras ella, todos: siempre 
con la música.) 



.Mor. Afírmase que huyó 

de Grecia la moral 
y aquí la recogió 
un viejo carcamal, 
que es jefe del gran trust 
que infesta este país 
de hermanos de Jesús 

(Con intención.) 

y... primos de San Luis. 

(Con mucha guasa.) 

¡Ay, qué risa, qué risa, qué risa 
¡Cuando ya está el país sin camisa 
al Gobierno le ha entrado la prisa 
de que reine la moral aquí! 

TODOS (Exageradísimos.) 

¡Ay, qué guasa, qué guasa, qué guasa! 
¡esto ya de la raya se pasa! 
¡que se vaya esa gente á su casa 
y que implante la moral allí! 

(Se repite el juego de la salida.) 



II 



Mor. 



Hoy día para ser 
un buen conservador, 



— 14 — 

huir es menester 
del riesgo del amor. 
¡Tmpónese rezar 
y al teatro no asistir 

(con intención ) 

y al oir las diez sonar... 
un huevo y á dormir!... 
¡Ay, qué risa! etc. 
Todos ¡Ay, qué guasal etc. 

¡Corre, corre, corre, 
corre sin cesar, 
husca, busca, busca 
la moralidad! 
(Corre ella y detrás todos, como quien busca algo.) 

¡por aquí! 

¡por allá! 
con Ja hipocresía 
la confundirás. 

Hablado 

Mor. Ya lo sabe usted, señor Redentor. Yo me 

, llamo doña Virtudes Morales, y represento 
la moralidad conservadora que es lo que se 
llama en castellano la hipocresía. Con estas 
hojas de parra, falsa máscara del pudor, voy 
por esos mundos engañando á los tontos... 
(Transición.) Y á propósito de hojas... ¿A que 
no saben ustedes cuál es la última disposi- 
ción que ha dado el Gobierno?... Prohibir la 
entrada en los Museos de pinturas durante 
el otoño. 

Red. ¿Y por qué? 

Mor. Porque en otoño es la caída de las hojas, y 

se les pueden caer las hojas á las Venus. 

Red. ¡Qué exageración! 

Mor. ¡Hay que moralizar! Ahora van á cambiar 

muchos nombres de las calles de Madrid, 
en bien de la moral. Lo primero que va á 
desaparecer es las Vistillas. 

Red. ¡Eh! 

Mor. ¡Estaba feo eso de irse á las vistillas! (con 

intención. El Redentor se aproxima á mirarla el des- 
cote.) ¿Qué hace usted, hombre? 



- 15 - 

Red ¡Despedirme de las vistillas! 

Todos ¡Ja, ja! 

Mor. También quitan la calle de las Delicias, 

porque ese nombre supone placeres, y la de 
Quiñones... porque suena mal, y la de Zo- 
rrilla .. por el diminutivo. Han dejado ce- 
santes á todos los funcionarios que tienen 
apellidos sicalípticos, como Ordoño, Cam- 
bronero y Pera-alta; y en cambio van á 
nombrar gobernadores a Virgilio, á Casto y 

á SaraSÚa... (Exagerando en afeminado.) Van á 

quitar el nombre al Ministerio de Estado, 
porque está feo que un Ministro esté en ese 
estado... digo, en ese Ministerio, y por últi- 
mo, señores, oigan el bando que van á pu- 
blicar dentro de unos días nuestras autori- 
dades. 

Yo, don... etcétera, Gobernador de... etcé- 
tera; hago saber: 

l.o Quedan obligadas á usar miriñaque 
todas las señoras abultadas de carnes. 

2.o Se prohibe á las señoras levantarse 
las faldas con pretexto del barro, y menos 
con otros pretextos. 

3.o Tampoco los caballeros podrán le- 
vantarse nada. 

4.o Se establece división de sexos en los 
bailes, sobre todo en el agarrao. 

5.o No matar. 

6.o (con intención.) Como estaba. 

7.o Queda prohibido hablar, pensar, es- 
cribir, reir, cantar,, jugar, beber, dormir y... 
vivir sin permiso de la autoridad compe- 
tente y del señor cura de la parroquia. 
Todos ¡Ja, ja! 

Mor. ¡La moral ante todo! (con guasa ) ¡Mueran las 

tabernas, caigan los cafés, húndanse los 
teatros! ¡Arriba los chanchullo-! electorales! 
¡Vengan destinos para los pariente-! (Prego- 
nando.) ¡Ande la moral! ¡La moral en camisa 
y el pudor en calzoncillos!... ¡Quién quiere 
moralidad barata! ¡A perra chica la doy! 
¡Moralidad! ¡moralidad!... 



— 16 — 

Música 

Todos Corre, corre, corre, 

corre sin cesar; 
busca, busca, busca 
la moralidad. 
¡Por aquí, por allá 
con la hipocresía 

la Confundirás] (Mutis corriendo.) 

ESCENA IV 

El NUEVO REDENTOR y el DISTINGUIDO SPORTMAN 

Hablado 

Red. Empiezan los adjetivos, y este sí que es ri- 

dículo. ¡El distinguido sportman! 
(Este personaje sale vestido ridicula y exageradamente 
con un traje de cualquiera de los «sports» conocidos; 
está completamente inutilizado, casi deshecho de los 
trastazos que ha recibido: cojo, manco, tuerto, la na- 
riz torcida, chirlos y cicatrices en la cara; más que 
compasión inspira risa.) 

Spor. No hay nada más distinguido que un sport- 

man, y en cuanto un sport se pone de moda, 
ya me veo con algo roto, y á fuerza de rom- 
perme el alma he conseguido que me lla- 
men el distinguido sportman. 

¡Tengo el cuerpo que da pena verme! Si 
ustedes quieren me desnudo para que apre- 
cien todo lo que tengo estropeado. 

Cuando fué moda, yo era un gran ciclis- 
ta, y en una carrera de campeonato se me 
encogió el tendón de aquiles; hace nueve 
años y sigue encogido. 

Este ojo que me falta me lo dejé una tar- 
de en un frontón con dos mil pesetas. El 
dinero lo perdí por cubrirme y el ojo por 
descubrirme; el ojo pareció en la cesta de 
las pelotas; el dinero no he vuelto á verle 
ni con aquel ojo ni con este. 

Con lo que más me distingo es con el 



— 17 — 

automóvil. ¡Cuidado que hago barbarida- 
des! ¡Las señoras que yo he atropellado en 
este mundo!... 

Tengo tres autos... un Panard, una Mer- 
cedes y un F. I. A. T; de este no me fío mu- 
cho porque es el auto que más ha tenido 
que ver con laawforidad. Del Mercedes tam- 
poco me fío porque tiene nombre de mujer; 
me recuerda otra Mercedes que llevé al tea- 
tro Real en un auto y se me escapó con el 
chol'fer en un entreauto; yo salí tras ella en 
el Panard... y total pa nard, porque ella ya 
me había tomado la delantera hacía mucho 
tiempo. Sin embargo, al verlos subir por la 
cuesta de las perdices, me entró el vértigo, 
eché mano al regulador y metí la tercera 
velocidad, pero el choffer se conoce que ya 
había metido la cuarta... y los perdí de 
■ vista. 

Después me dio por las regatas... ¡Tengo 
un balandro hermosísimo!... y á pesar de 
eso no he Conseguido ganar ninguna copa; 
todo lo más que he podido pescar ha sido 
media copa. 

Pero mi especialidad es el sport aereo. 
¡Tengo un globo!... Se llama el globo terrá- 
queo... y es porque no puede estar más que 
en tierra, en cuanto se remonta... terráqueo. 
Mi última ascensión ha sido notable: me re- 
monté con dos señoras, una atrevida y otra 
pusilánime; la primera me decía... ¡arriba, 
arriba!... y yo, claro, soltaba lastre y me ele- 
vaba con ellas; la otra gritaba... ¡abajo, aba- 
jo!... yo no sabía á cuál dar gusto de las 
dos... cuando de repente la más cobarde se 
agarró á la válvula... ¡y el desinflen! La baja- 
da era inevitable; yo perdí la serenidad: 
ellas perdieron el conocimiento... y al ama- 
necer... los tres en la cama: ellas sincopadas 
y yo sin narices. ¡No he vuelto á elevarme 
nunca!... Conque, señores... si se inventa 
otro sport cualquiera hagan el favor de avi- 
sarme, porque aunque poco, aun me queda 
algo que perder. 



— 18 — 

¡Ah!... También tiro al pichón, y juego al 
golf, que es un juego á trastazo limpio con 
el prójimo... y á veces con la prójima del 
prójimo... En una palabra... ¡sé hacer todo lo 
que no sirve para nada! ¡Soy lo que se llama 
un distinguido sportman! (Mutis grotesco.) 



ESCENA V 

EL NUEVO REDENTOR. A poco LAS ESTACIONES 

Red. ¡Sección de sucesos! ¡Veamos esto! (Leyendo.) 

«Un anciano de setenta años ha dado muer- 
te por celos á una joven de quince.» «Una 
mujer de cincuenta se ha fugado del domi- 
cilio conyugal con un mancebo de vein- 
tiuno.» ¡Hasta las estaciones de la vida están 
cambiadas! ¡La mentira atmosférica! ¡Las 
cuatro estaciones! 

(Salen estas, con trajes de capricho, simbolizando lo 
que cada una representa; faldas cortas, descotadas: el 
Verano con traje adornado con grandes espigas en la 
falda y en la cabeza; el Otoño, con hojas secas y gran- 
des racimos de uvas como adorno; el Invierno, de ter- 
ciopelo y pieles; la Primavera, cuajada de rosas y cla- 
veles.) 

Música 

Las cuatro Las hijas del tiempo (con valentía.) 
son diosas divinas, 
que reinan por turno 
y así reinarán. 
Sin patria ni templo 
al mundo dominan, 
y matan y arruinan 
á la humanidad. 



Tras estas caras hechiceras 

(Con coquetería.) 

se oculta un duro corazón, 



— 19 — 

y con mil artes traicioneras 
es destruir nuestra misión. 



Ver. (Con mucho fuego.) 

En mí todo es fuego 
yo incendio y abraso, 
destruyo y arraso 
con furia infernal. 
¡El rayo y el trueno 
arrojo á la tierra, 
y el llano y la sierra 
padecen igual! 
Y mis ojos 
seductores 
son volcán 
en lid de amores. 
Soy terrible para amar, 
sby ardiente, 
soy vehemente, 
soy Cupido destructor; 
y el calor 
que mis venas abrasa 
destruye y arrasa 
con fuego de amor. 



Otoño Yo soy plácida, 

soy benévola, 
triste y lánguida 
sin querer. 
¡Represento en la vida 
el amor sin excesos; 
mis caricias y besos 
nunca suelen matar! 
¡En amor soy juiciosa 
si me llegan á amar! 



Inv . Yo tengo frío, 

yo estoy sólita, 
ya mis recuerdos 
no dan calor; 
busco y no encuentro 



— 20 — 

vida y placeres, 

lloro perdido. 

tiempo mejor 

¡De ayer á hoy 

que poco va, 

aprende en mí 

humanidad! 

¡De nieve fui, 

de hielo soy: 

jamás reí, 

que el llanto va tras mí 

por donde voyl 



Prim. Soy la primavera, 

la edad de las flores, 
los castos amores 
y el sueño ideal. 
Ni entiendo de infamias, 
ni sé de traiciones 
ni abrasa mi aliento 
porque es virginal. 
Pero al fin 
soy mujer, 
y sueño locuras 
que al cabo he de hacer. 



¡Primavera 
retrechera, 
soy la infancia 
del vivir! 
¡Primavera 
que tus flores 
dan amores 
sin sufrir! 
Las cuatro Primavera, etc., etc. 

(Mutis corriendo.) 



2L 



ESCENA VI 

EL NUEVO REDENTOR y EL SUFRIDO OBRERO, borracho, pero 
no exageradamente 

Hablado 

Red. ¡Siguen los adjetivos! ¡Veamos este! ¡El su- 

frido obrero! 

S. Obr. ¡Me da la gana: yo me emborracho cuando 
quiero, aunque sea domingo, y el que cierre 
la taberna es un gallina! ¡Eso!... ¡Compañe- 
ros! (Gritando.) 

Red. ¡Eh! ¿Quién es usted? 

S. Obr. ¡Uno! Uno que no ha trabajao nunca, en 
buen hora lo diga: y el que trabaja me pone 
en ridiculo: yo me paso la vida hablando en 
los mítines, y pregono la huelga... ¡y huelgo! 
Eso: ¡yo soy el sufrido obrerol 

Red. Los sufridos serán los que trabajan. 

8. Obr. Hay muchas maneras de sufrir: ¡yo tengo 
que sufrir á los taberneros! Y á mi mujer 
que también se emborracha, y á los guar- 
dias, que la han tomao conmigo... ¡¡y al 
amoniaco!! 

Red. Los hombres han nacido para el trabajo. 

S. Obr. Usté confunde á los hombres con las caba- 
llerías, mejorando lo presente. La noche la 
hizo Dios pa dormir... 

Red. Y el día... 

S. Obr. ¡Pa descansar! 

Red. ¡Usted qué ha de ser obrero! Los obreros de 

verdad no tienen tiempo para emborra- 
charse. 

S. Obr. ¡Chis! ¡Despacio! ¡El vino es la sangre del 
sufrido obrerol... 

Red. ¡Bueno! ¡Vayase á la cama! 

S. Obr. Yo vengo á pedir que asfalten toas las calles 
de Madrid pa que no vuelva á pasar lo de 
anoche. 

Red. ¿Qué fué? 



— 22 — 

S. Obr. ¡Es una historia triste! Verá usté. Eran las 
doce y media. 

Red. ¡Y ya estaba usted borracho! 

S. Obr. ¡Ole los hombrecitos adivinando!... Se habla- 
ba en la tasca de esas señoras que huelen 
, tan bien y que no le dejan á usted andar 
por las noches... «Esa mujer es honrada», 
dijo uno, «¿y á usted qué le importa?» dijo 
otro, «¿es usted su administrador?» ¡Pum!..* 
bofetá número uno... Yo me separo por si 
acaso, y al volver la esquina, ¡pum! ¡un dis- 
paro! Al oir el estampido pierdo el equili- 
brio, doy un traspiés... y cojo una liebre. 
Llega un guardia corriendo, ve la liebre... y 
la coge también. «¡Tú has sido: tú le has 
matao», me dice: «date preso»! ¡Yo no he 
visto na! «¿No?» ¡Pum! Bofetá número dos 
que me atiza el guardia pa que se me aclare 
la vista. «¿Dónde está el muerto?» me pre^ 
gunta. ¡Y yo qué sé! «¿No?» ¡Pim! ¡paml 
¡pum!. . ¡Tres capones que me regala pa ce- 
nármelos con la liebre! ¡Faltaba el postre de 
la cena y al protestar... me da con un quesa 

de Gruyere... (Dando un puntapié al aire.) Ulia 

pata, en la plana de anunciosl Le cojo el 
pie pa que no repita: anda á la pata coja... y 
no sabiendo dónde agarrarse se agarra con 
los dientes á esta oreja... ¡y ni pa Dios sol- 
taba! ¡Ná! ¡Que el hombre se creyó que era 
un orejónl ¡Yo me pongo á cantar flamencot 
¡Ay, ay, ayl (Quejándose.) Toca el pito; llegan 
el sereno y otros cinco guardias: me ama- 
rran con la delicadeza propia del oficio: yo 
me tumbo en el suelo y empieza una lluvia 
de patas, que parecía que estaban bailando 
á lo señorito, encima de mi caja toráxica. 
El sereno se creyó que eso de toráxica, era 
cosa de toros, y empezó á rejonearme con el 
chuzo. Se ponen tos á tirar de mí, pa llevar- 
me á rastras, como si fuera el carro de la 
carne y llego á la prevención con la carne 
toa estropea... ¡y en estao de barredera mecá- 
nica! ¡Y empeñaos toavía en que tengo que 
declarar quién es el muerto! ¡El muerto de- 



— 23 — 

bía ser yo! ¡porque he venido apisonando el 
piso con la cabeza!... Y así... así es como se 
nota... lo mal empedrao que eetá Madrid. 
¡Viva el asfalto!... ¡Compañeros! 

Sec. (saliendo) ¿Qué pasa? ¿Quién es este hom- 

bre?... 

Red. (Riéndose.) ¡Ya lo ve usted!... ¡El sufrido 

obrero! 

Los dos ¡Ja, ja, ja!... 

S. Obr. ¡Compañeros!... ¡Compañeros!... (a grandes vo- 
ces mientras los otros rien á carcajadas. Telón rápido.) 

MUTACIÓN 



CUADRO TERCERO 
¡Dioses del arroyo! 

Calle corta, en la que habrá una tienda con puerta practicable y 
muestra que diga: Ultramarinos 

ESCENA VII 

LA INCONSOLABLE VIUDA, sale por la izquierda, de luto riguroso, 
con sombrero y pena: muy elegante; por la derecha EL APUESTO 
JOVEN, guapo y elegante; se encuentran en el centro de la escena 

Música 

Joven ¿Adonde va la viuda inconsolable 

del bravo general? 

Viuda Voy á rezar un rato por mi esposo. 
Joven ¡En paz descansa ya! 

Viuda ¡Voy á pedir que el cielo nos reúna! 
Joven ¡No dudo que lo harál 

Viuda ¡Paso sin él los días triste y sola! 

JOVEN (Con intención.) 

¿Los días nada más? 

Viuda ¡El caso fué terriblel 

Joven ¡Terrible el caso fué! 



— 24 

Viuda ¡Qué bien la vida juntos 

pasábamos los tresl (Llora.) 
Joven No lloréis, mi señora generala, 

no lloréis, porque os vais á poner mala. 
Viuda ¡Como él sois cumplido y galante! 

Joven Aun se nota que he sido su ayudante. 

Viuda Ser de clases pasivas me encocora. 

JOVEN (Con intención.) 

¡En activo está usted á toda hora! 

VlUDA (Con pena.) 

Deja un hueco difícil de llenar. 
Joven ¡Yo sabré vuestra pena consolar! 



(Llora ella.) 

¡Qué pena veros viuda! 



Viuda 


¡Qué triste es la viudez! 




Los DOS 


¡Qué triste es! 




Viuda 


¡Adiós, amigo mío! 




Joven 


¡Adiós y hasta después! 




Los DOS 


¡Adiós y hasta después! 




Viuda 


(Deteniéndole.) 

¡No vaya usté á las cuatro 
como hizo usted ayer! 




Joven 


(Resignado.) 

¡Iré á las cuatro y media! 




Viuda 


(Con coquetería.) 

¡Mejor es á las tres! 




Joven 


(Muy afectuoso.) 

¡Hasta después! 




Los DOS 


¡Hasta después! 






(Se van por dirección opuesta, mirándose con 


acentúa 




da simpatía.) 





ESCENA VIII 

El FAMOSO BANDIDO: el FEROZ CRIMINAL y el TERRIBLE 
ANARQUISTA: tres tipos exagerados y casi repulsivos. Salen corrien- 
do y como perseguidos 



Anar. 
Banü. 
Crim. 



¡Terrible anarquista! 
¡Famoso bandido! 
¡Feroz criminal! 



— 25 — 

Los tres Los tres á la prensa 

debérnosle nuestra 
popularidad. 



Band. Ni yo soy famoso. 

Anar. Ni yo soy terrible. 

Crim. Ni yo soy feroz. 

Los tres ¡Pues somos tres vivos 

que el nombre explotamos 
de los que lo son! 



Band 
Crim. 
Anar, 



Exploto yo en los campos 
la fama del Pernales. 
A nombre de otro amigo 
yo atraco en las ciudades. 
Pues yo con mis petardos 
estoy mucho mejor, 
y exploto la inocencia 
de algún Gobernador. 



Los tres Mientras de nosotros 

hablen sin cesar, 
estos tres oficios 
prósperos serán, 
¡porque el miedo es libre 
y es muy de notar, 
que él aumenta nuestra 
popularidad! 

(Se van corriendo.) 



ESCENA IX 

La POBRE CHICA, de cocinera con cesta al brazo: se dirige á la 
puerta de la tienda, y sale de ella el HONRADO COMERCIANTE, 
tipo ridiculo de hortera de Utramarinos con blusa larga y manguitos 



Chica 



Sal, que te estoy esperando! 
sal, Aniceto, á la puerta! 
sal, que me tienes furiosa! 



— 26 — 
COMER. (Saliendo.) 

|01é la sal y pimienta! 
Chica Déjate ya de requiebros 

qae tengo frita la sangre. 
Comer. ¡Qué buena está con cebolla 

qué rica está con tomate! 



Chica Dice mi señorita 

que estos gabrieles son perdigones. 
Comer. Tú eres también chiquita 

y, sin embargo, vales millones! 
Chica ¡Dice que una panilla 

das tú por litro, manque te enoje! 
Comer. ¡Ya sabes tú, chiquilla, 

que con el frío todo se encoge! 



Comer. 



Chica 



Un dnro da para el plato 
y aun de la compra se queja, 
¡anda y que coma cordilla 
el fantasmón de la vieja! 
Una peseta que sisas 
y otra que yo he de ganar, 
¡con tres pesetas que quedan, 
qué diablos vas á comprar! 



Chioa Mira que el chocolate 

no hay quien le tome ni con regalo. 
Comer. Eso es un disparate:- 

dile á tu ama que le hay más malo 
Chica Dile que el bacalao 

huele de un modo fenomenal. 
Comer. Eso ya lo he notao, 

pero á mí siempre me huele igual. 

(Bailan agarrao, y bailando entran en la tienda.) 



- 27 - 



ESCENA X 

Los PÜBRECITOS FRAILES: tres tipos diferentes, cada uno con una 
botella de licor; gordos y colorados; muy alegres y satisfechos 
(Con música de La Pitita.) 

Uno ¡Un fraile! 

Otro ¡Dos frailes! 

Otro ¡Tres frailes! 

Los tres ¡Vienen aquí, 

tres frailes que tienen 
millones así! 



(Con música de... «Cuando Fernando VII gastaba pa- 
letó.») 

Tres pobres f railecíbitos 
que expenden un licor, 

de un olor 

superior 
y de un grato sabor. 
Tres pobres frailecíbitos 
que piden al Señor, 

con candor 

y fervor 
vender al por mayor. 

(Música de La Pitita.) 

¡Qué bueno, qué bueno 
qué bueno es este país, 
qué bien engordamos 
los frailes aquí! 

(Bailan recogiéndose los hábitos y cae el telón.) 



MUTACIÓN 



28 



CUADRO CUARTO (1) 
Los endiosados 

Ante-despacho del Ministro en el Ministerio de la Gobernación; sille- 
ría lujosa; retratos al óleo; mesa de despacho; tres puertas; una al 
foro con mampara; otras á las laterales con cortinas. 

ESCENA XI 



El ACTIVO SECRETARIO, durmiendo de bruces en la mesa; el 

PROBO FUNCIONARIO, portero viejo, camastrón, de uniforme con 

galones; hablará con ligero acento gallego. Aparece la escena sola y 

el Secretario roncando. A poco entra por el foro el Probo 

Probo ¡Don Pepito!. . ¡Don Pepito!... 

SeC. ¡Ah! (Desperezándose exageradamente y volviéndose 

á quedar dormido.) 

Probo ¡Duerme, hijo, duerme!... ¡Y así todo el día! 
¡Este no es un Secretario particular, es una 
marmota! ¡Bueno está el Ministerio, bueno! 
El Ministro, que no sabe por dónde se anda 
en ningún asunto del ramo: ¡y le llaman 
competente!... ¡Este que es la quinta esencia 
de la pereza y le llaman el activo Secretario 
particular! ¡Aquí no ha quedado ningún 
funcionario digno más que yo!... el probo 
Cancervero, como me llamaba Cánovas; el 
probé probo, como me llamaba en guasa 
Romero Robledo. ¡Aquellos eran Ministros; 
pero hoy!... ¡Don Pepito!... ¡Don Pepito! 

Sec. ¡Ah!... (Desperezándose.) ¿Qué hay, don Pepe? 

Probo Esta tarjeta para el Ministro. 

Sec. Su excelencia no puede recibir en este mo- 

mento. 

Probo ¿Aún no ha salido la señora de marras? 

Sec . ¡Aun no! 



(l) Este cuadro se ha suprimido en Madrid desde la segunda re- 
presentación. Los Directores pueden optar por suprimirle ó no. 



— 29 — 

Probo ¡Largo y tendido hablan! (con intención.) 

Sec. Por lo visto. 

Probo ¿Y usted sabe quién es? 

Sec. La virtuosa señora doña... 

Probo Volvemos á los buenos tiempos. Mi mujer 
está de enhorabuena. 

Sec. ¿Cómo es eso? 

Probo Porque tenemos Ministro joven y vienen 
virtuosas señoras á visitarle, y la que no se 
deja olvidada una sombrilla, se deja un pa- 
ñuelo, y la que no, uñ par de guantes... y 
claro, ¿quién es la que sale ganando sino mi 
mujer? 

SEC. ¡El timbre! (Suena un timbre que habrá en la pared 

sobre la mesa.) 

Probo ¡Eso es que acabó ya con la virtuosa!... (con 

intención.) 



ESCENA XII 

Salen por izquierda la VIRTUOSA SEÑORA, joven y elegantísima, y 
el COMPETENTE MINISTRO, joven; viste de levita 

Virt. ¡Muchas gracias, señor Ministro! ¡Se ha por- 

tado usted como yo esperaba! 

Probo (¡Más vale así I) (con intención.) 

Min. ¡Como debe portarse un hombre con una se- 

ñoral 

Virt. ¿De modo que cuento con la reposición de 

mi marido? ¡Tome usted la notital... 

Min. ¡Apunte usted lo que le dicte la señora! 

Probo (¡Pues ya ha tenido él tiempo de apuntar!) 

(Con intención.) 

Sec (sentándose á la mesa.) (Tener que trabajar 

ahora...) 

Virt. (Dictando.) Extender hoy mismo el nombra- 

miento de don Toribio García, 

Sec. ¿Para dónde?... 

Virt. ¡Para higiene!... 

Probo (¡Muy propio!) 

Min. ¡Hecho! 

Virt. Repito las gracias y ya vendrá él á dárselas 

á usted personalmente. 



— 30 



Min. 

Probo 

Virt. 

Min. 



Min. 

Probo 

Min. 



Sec . 

Min. 
Probo 
Min. 
Probo 



Min. 



¡Que no se moleste! 
(No le vamos á recibir...) 
¡Lo dichol... y hasta otra. 
¡Siempre á sus órdenes! 

(El Probo levanta el portier de la puerta de la derecha 
y hace una reverencia al pasar la señora.) 

¡Pepe! 

¡Señor Ministro! 

Saque usted la petaca que está sobre la 

mesa. ¿Quién hay esperando? (se va el Probo 

por la izquierda.) 

Ül caracterizado republicano don Lino Gar- 
cía y una, Comisión de nuestro pueblo natal. 
¡Estoy de Comisiones hasta la coronilla! 
(saliendo.) La petaca de V. E. 
¡Venga! 

(¡Cuando yo decía que estaba de enhora- 
buena mi mujer!) (Enseñando al público una liga 
de señora que trae oculta.) 

(ai Probo.) ¡Que pase el caracterizado repu- 
blicano don Lino García! 

(Desaparece por el foro el Probo.) 



ESCENA XIII 



DICHOS y el CARACTERIZADO REPÚBLICA NO, hombre que lleva 
en la cara la seriedad del burro; tieso y espetado 



Carac. 
Probo 



Min. 

Carac. 

Mití. 

Carac. 



Probo 
Min. 



¡Salud y república! 

¡Jem!... ¡Jem!... (Tosiendo exageradamente como si 
se atragantara: quedará toda la escena, al foro, al lado 
de la puerta y con aire respetuoso.) 

¡Hombre, por Dios! (En broma.) ¡Que soy Mi- 
nistro monárquico! 
t ¡Perdone usted, es la costumbre! 
lluego á usted la mayor brevedad porque ya 
debía estar en el Congreso y... 
Entonces tome usted esta notita y mañana 
volveré á recoger las siete credenciales que 
se piden en ella. 

¡Jem!... ¡Jem!... (Como antes.) 

¡Pero hombre, si la semana pasada se ha 
llevado usted otras siete! 



— 31 — 

Probo (¡Y el mes anterior ocho!) 

Carac. ¿Y qué? ¿Usted se figura que yo no tengo 
compromisos? 

Min. ¡Pues sírvalos usted cuando venga la repú- 

blica! 

Carac ¡Por Dios, no me la nombre usted! (Alarmado.) 

¡Si viene la república tengo que emigrar! 

Min. ¿Porqué? 

Carac. ¡Usted sabe las cosas que yo he ofrecido 
para cuando venga la repúblical 

Probo ¡Jem!... ¡Jem!... (como antes.) 

Carac. ¡Nada, nada! Si no me da usted esas creden- 
ciales, no se extrañe que apelemos á proce- 
mientos extremos. 

Probo (Si con lo que pide este hombre fuera casa- 
do, i>n museo para mi mujer.) 

Carac. ¡Ah! este último de la nota es empeño de 
mi señora y hay que darla gusto. 

Min. ¡Daré gusto á su señora de usted! 

PROBO (Enseñando la liga de antes.) (|Ya veo á la mía 

con la compañera!...) 

Carac, Y este otro es recomendado de la baronesa 
del Trueno. 

Min. ¡La baronesa! ¡Ah, sí! ¿No es esa la que dicen 

si tiene ó no tiene que ver con su cochero? 

Carac. (indignado.) ¡Con el cochero!... ¡Oh, qué infa- 
mia!... ¡qué disparate!... ¡No, señor!. . (con na- 
turalidad.) ¡Es con el lacayo! 

Min. ¡Ah, vamos! 

Probo ¡Jem!. . ¡Jem!;.. (como antes.) 

Min. ¡La verdad es que sus correligionarios de 

usted no debían aceptar destinos de la mo- 
narquía! 

Carac. Ni yo se, los pido á la monarquía: se los 
pido al amigo. 

Min. El amigo está siempre á bus órdenes, lo 

cual no impide que me ponga usted verde 
en el Congreso. 

Carac. La política no tiene entrañas, pero en polí- 
tica tenemos estómago. ¡Somos unos vivos! 

(Despidiéndose. Mutis.) 

Probo (¡Pero que muy vivos!) 

MlN. ¡Ah! ¡Oiga, oiga! (Saliendo por donde se fué el 

Caracterizado.) 



ESCENA XIV 

El ACTIVO SECRETARIO, continúa durmiendo de bruces en la 

mesa; el PROBO abre la mampara del foro y hace pasar á una TÍA 

ox diñaría, tipo de carnicera, joven, con alhajas y mantón negro 

de talle 



Probo Pase usted. Ahora es la ocasión... el Minis- 
tro tiene que pasar por aquí y le acomete 
usted. 

Tía ¡Hijo! ¿soy yo toro?... 

Probo ¡Es un digamos! y no se olvide que tiene 
que darle tratamiento. 

Tía ¿Cómo se da eso? 

Probo Llamándole vuecencia y excelentísimo se- 
ñor, que va aparejado con el vuecencia. 

Tía Yo no le digo que va aparejao: ¡eso es lla- 

marle caballería! Ya sabe usted que yo soy 
á la pata la llana, y con decirle: «Señor Mi- 
nistro, yo soy la carnicera más rica y más 
honrada de Madrid, y mis carnes están á la 
disposición de usted.» 

Probo ¡No, mujer, que va á aceptar el ofrecimien- 
miento! ¡Es muy aficionadol 

Tía ¿A la carne? 

Probo ¡A la de falda! (con intención.) Y hasta hay 
quien dice que le debe á eso la cartera. 

Tía ¡Ah! ¿sí?... ¡Pues que se limpie! 

Probo ¿No me ha dicho usted que daría todo lo 
que la pidieran con tal de sacar concejal á 
su marido? 

Tía ¡De dinero hablaba! ¡Anda el tío!... ¡Con que 

también los Ministros!... (con intención.) 

Probo No creo que sea incompatible... y éste no lo 
puede remediar, ¡en cuanto ve una falda!... 

Tía Pues conmigo que no se propase... que de 

la primera bofetá le quito la cartera. 

Probo Entonces no sacará usted concejal á su ma- 
rido. 

Tía ¿Pero tócs los que salen concejales tien que 

salir así? ¡Pues hijo, esto no es un Ministe- 
rio... es una corrida de beneficencia! 



Probo ¡El señor Ministro viene! No se le olvide 
darle tratamiento y decirle que lo que usted 
quiere es que encasille á su marido para 
concejal, ¿entiende? jque le encasille! 



ESCENA XV 



DICHOS y el COMPETENTE 



MlN. (Atravesando la escena hacia su despacho.) ¡Pepe, 

no estoy para nadie! 

Probo Señor Ministro, perdone vuecencia, pero esta 
joven tiene interés en hablar con vuecen- 
cia... y... 

Min. Mala hora es... ¡Mejor sería por la noche! 

Tía U Eh? ) ¡Cuatro palabras! 

Min. ¡Pepe, no quiero recibir más que á la comi- 

sión de mis paisanos! (indicándole que se marche,) 

Probo (Quiere quedarse con usted sola. ¡Esa es 

buena señal!) 
Tía (¡Me parece que va á haber crisis!) 

Probo (por el Activo.) (Ese no se despierta. ¡Está 

acostumbrado!) A la orden de vuecencia. 

(Se va.) 

Min. ¡Usted dirá, señora! 

Tía Vuecencia, que va aparejao con el excelen- 

tísimo, comprenderá... 

Min. ¡Apee usted el tratamiento! 

Tía (Ya se ha quitao el aparejo; ¡con tal que no 

se apee por las orejas!) 

Mtn. ¿Que desea de mí una joven tan simpática? 

(Con intención.) 

Tía (¡Cámara, cómo miran los ministros!) Exce- 

lentísimo, vuecencia... 

Min. Mire usted, lo mejor será que pasemos á mi 

despacho. 

Tía ¡Pa el gato! ¡Me ha dicho una parroquiana 

que lo tiene usted muy bien puesto! ¡Esta- 
mos bien aquí! 

Min. ¿Y en qué puedo servirla? Los hombres ga- 

lantes hemos venido al mundo para servir 

á las mujeres Simpáticas. (Acercándose.) 

3 



— 34 — 

Tía (|Ay!...|Te veo y no te veo! ¡Me gustaría á mí 

darle una bofetá á un Ministro!) 

Min. Hable usted... 

Tía Pues yo soy carnicera y tengo la mar de di- 

nero. 

MlN. Y la mar de gracia y la mar... (Acercándose de- 

masiado.) 

Tía Le advierto á usted que uso alfileres de ca- 

beza gorda. ¡De esos que se cuelan solos! 

Min. ¡Ja, ja, ja! 

Tía Mi marido es algo corto, ¿sabe usted? 

Min. ¡Y ese no es el nombre que usted necesita! 

Tía ¡No necesito otro! Nos llevamos muy bien, á 

Dios gracias... pero se aburre... 

Min. ¿A su lado de usted? 

Tía Se aburre de no hacer nada. 

Min. ¡Ah! ¿No hace nada? ¡Sí que es corto! 

Tía Y he pensao meterle á concejal y vengo á 

que usted me lo enchiquere. 

Min. ¡Ja, ja, ja! 

Tía ¿He dicho alguna barbaridad? 

Min. ¡Ha dicho usted enchiquerarle! 

Tía ¡Ay, pobrecito mío; no está en e3e caso! En- 

casillarle. ¡No me ha mirao usté bien! 

Min. Ya lo creo. 

Tía ¡Pero no me ha visto!... ¡Porque á mí hay 

que mirarme con lentes! ¡Como soy tan chi- 
quita! 

Min. ¡Y tan bonita! (se acerca.) 

Tía. Diga usté, señor ministro, ¿á vuecencia ex- 

celentísimo, le gustan las chuletas?... ¡porque 
esa es la única carne que yo reparto á domi- 
cilio! 

Min. Es natural. ¡Poca costumbre! 

Tía ■ ¡Y tan poca! 

Min. (Esta va á acabar por meter la pata... ¡Al fin 

gente ordinaria!) Pues yo siento no poderla 
complacer... ¡Compromisos anteriores me 
impiden!... 

Tía ¡Pues yo no quiero compromisos con nadie! 

Min. ¡Otra vez será! 

Tía jCá, hijo! ¡No será nunca! 

Min. Quizá cuando hable usted con su marido... 

Tía Si hablo de esto con mi marido va á haber 



— 35 — 



una vacante en el gabinete y entierro, con 
Roldaos y too. 
Min. Servidor de usted... ¡Yo me tengo la culpa! 

Se va.) 

Tía (a voces.) ¡Quien se tiene la culpa soy yo, 

por salirme de mi esfera! ¡Maldita sea! (Da 

un puñetazo en la mesa del Secretario, que despierta 
asustado y se levanta.) 

Sec. ¡En!... ¿Quién? ¡Ahí ¿Desea usted ver al mi- 

nistro? tóspere usted y la recibirá. 

TÍA (Rabiosa y á gritos hasta el final de la escena, miran- 

do á la puerta por donde él se marchó.) ¡Qu8 reciba 

á su abuela y enchiquere al que se deje, 
que yo, aunque trafico con carnes, no es con 
carne de bueyes, y no las cambio por favo- 
res pa que otros se las coman y á mi mari- 
do le toque roer el huesol 

Probo (Entrando.) ¿Qué pasa? 

Sec. ¡Debe ser una loca que se ha colao! 

Probo ¡Pero por Dios, guarde usted las formas! 

Tía Por eso; por guardarlas me pasa esto. ¡A mí! 

¿A mí? ¡Maldita sea la hora en que pisé 
esta casa... maldito sea usted que me ha 
traído, y que se conoce que es el qae hace 
el apartao de este toril, y maldito sea mi 
marido que no me ha dao dos patas antes 
de dejarme venir! ¡Y si hay quien medra 
así, á mí se me sale la honra por encima 
del moño! 

Probo Pero... 

Sec. ¡Señora! 

Tía ¡Del moño, sí, del moño I ¡Ay, ya me he 

desahogao! 

Los dos ¡Es que!... 

Tía ¡Anda y que os den morcilla, sinvergüen- 

zas! (Mutis.) 

Probo ¿Qué la habrá hecho su excelencia?... 

Min. (saliendo.) ¡Pepe! Que pase la comisión de 

Matalaguarra. (Mutis el Secretario primera dere- 
cha: el Probo se asoma al foro.} 



ESCENA XV 

BICHOS. El ELOCUENTE ORADOR: hombre petulante; el tono de 
su conversación es siempre el de un discurso cursi. El INFATIGABLE 
PROPAGANDISTA: polainas,, sombrero flexible. LA EXIMIA ES- 
CRITORA: tipo vulgar de mujer vulgar. El ARROJADO DIESTRO: 
de americana larga entallada á la moda, corbata y frégoli. El EMI* 
NENTE JURISCONSULTO: de chaquet. El CONSECUENTE POLÍTI- 
CO: de levita 



ElOC. ¡Señor Ministro! (El Ministro no hace caso de na- 

die hasta la presentación del torero, á quien abraza y 
habla con gran cariño.) 

Min. ¿Cómo va? 

Eloc. ¡Perfectamente, ilustre paisano! 

Min. ¡Señores! 

Eloc. (presentando.) El infatigable propagandista 

don Justo Cebollino. . 
Min. Muy señor mío: le conozco de oídas. 

Eloc. Viene peleando valientemente desde hace 

diez años por la libre producción del ajo en 

España. 
Eximia El ajo debe ser libre, ¿verdad, señoras? 
Probo (Ya casi lo es.) 

Eloc. La eximia escritora doña María Sabidilla... 

Min. ¡Muy honrado!... (saludando.) 

Eximia ¡La honrada soy yo, caballero! 
Probo (¡Por muchos años!) 
Eloc ¡El eminente jurisconsulto don Gupercio 

Andrade! ¡El arrojado diestro! 

MlN. ¡Queridísimo Rafael!... (Abrazándole.) 

Arroj. ¡Hola, chiquillo! ¡quien te ha visto y quien te 

ve!... ¡con lo bruto que eras de pequeño! 
Pkobo (¡Genio y figura...!) 
Arroj. ¿Te acuerdas... cuando jugábamos al toro 

en la puerta de la escuela? 
Min. ¡Ya lo creo! 

Arroj. ¡Y cómo se demuestran las. aficiones desde 

pequeñito: yo siempre de matador y tú de 

toro! 
Min. Entonces te arrimabas más que ahora. 



37 



Arroj. Pues me llaman el arrojado diestro. 

Probo (¡Como no sea porque te han arrojado de 
todas las plazasl) 

Eloc. ¡El consecuente político don Tiburcio Ve- 

leta! 

Cons. (Adelantándose.) ¡Mi querido correligionario! 

Min. ¿Cómo correligionario? ¿Pues no milita us- 

ted desde hace ocho días en el partido 
opuesto? 

Cons. ¡Eso era ayer: hoy he reingresado por sexta 

vez en el de ustedes!... 

Probo (¡Tú medrarás!) 

Arroj. ¿Tú dirás que qué tripa se nos ha roto? 

Min. ¡Hombre, yo no digo eso! 

Arroj. ¡Pues tiene la palabra el elocuente orador! 

Eloc. ¡Ah! ¡señor Ministro! ¡Ah! ¡señores!... cuan- 

do un pueblo siente en su seno el amor ma- 
ternal, ese santo amor maternal que lo mis- 
mo en Nínive, que en Atenas, que en Roma, 
que en Esparta... 

Min. ¡Yo le agradecería á usted que no lo tomara 

desde tan lejos y dijera escuetamente lo 
que desea la comisión! 

Arroj. ¡Dígaselo sin rodeos! 

Eloc. Imposible. ¡Nuestra petición está incluida 

en el último párrafo del discurso y tiene 

ochenta y cuatro! (Ai oir esto, el Probo se va de 
repente; los demás personajes se sientan de golpe,- el 
competente se aterra; se oyen timbres muy seguidos.) 

Min. ¡Demonio! 

Probo (saliendo.) Señor Ministro, el presidente que 
vaya vuecencia inmediatamente al Congre- 
so, que el caracterizado republicano... le 
está poniendo verde á vuecencia. 

Min. ¡Diga usted que ya voy! 

Eloc. ¡Ah! ¡señores!... 

Sec. (saliendo.) ¡Señor Ministro, el gobernador de 

Barcelona que haga usted el favor de po- 
nerse al aparato: consulta urgente! 

Min. ¡Voy! ¡voy en seguidal Señores, ustedes 

comprenden que me es imposible escu- 
charles... Otro día tendré el gusto... 

Inf. No saldremos de aquí sin que nos dé usted 

respuesta categórica, querido paisano. 



— 38 — 

Probo ¡Preguntan del Congreso si ha salido vue- 
cencia ya! 

Min, ¡Hasta otro día, señores! ¡Pepe, mi som- 

brero! 

Arroj. ¡Como que te vas á marchar sin decirnos 

que SÍ! (Sujetándole. Todos le acosan hablando.) 

Min. ¡Dejadme! 

ElOC. (En la puerta y á gritos.) ¡Ah! ¡señor Ministrol 

¡Ahí ¡señores! cuando un pueblo siente en 

su seno... etc., etc. 
Min. ¡Suelta, hombre, suelta! (suenan dos timbres.) 

Inf. ¡Pero, paisano!... 

Em n. ¿Pero, ilustre paisano? 

Arroj. ¿Excelentísimo paisano? 
Probo (sale corriendo.) \K\ teléfono! 

Sec. ¡El telégrafol... (ídem.) 

Min. ¡Entiéndanse ustedes con estos señores! (Da 

un tirón, se suelta y se va corriendo.) 

Todos (Rodeando al Secretario.) ¡Activo Secretario! 

SeC ¡Aah!... (Desperezándose exageradamente.) 

Todos (nodeando ai Probo.) ¡Antiguo y probo funcio- 

nario! 

Probo (¡Estos no dejan nada para mi mujer!) ¡Ali- 

viarse! (Les deja con un palmo de narices y cada uno 
rompe en su discurso: todos hablan á un tiempo y cae 
el telón.) 



MUTACIÓN 



— 39 — 

CUADRO QUINTO 
-Dioses de guardarropía! 

Un pasillo de las dependencias de un teatro 

ESCENA PRIMERA 



El APLAUDIDO AUTOR, altanero, cínico y soberbio. Lleva un ma- 
nuscrito en la mano. El INSPIRADO COMPOSITOR, Ídem, idem. Lle- 
va en la mano una partitura: Van incomodados. Tras ellos el ACTIVO 
EMPRESARIO 



A. Emp. 
Aplau. 



Insp. 



A. Emp. 



Aplau. 
A. Emp. 



Aplau. 
A. Emp. 



¿Pero, dónde van ustedes? 
A la c;dle. Esto no es teatro: ni usted es pa- 
ciente Empresario, ni el popular actor có- 
mico es cómico ni popular, ni la sugestiva 
tiple es otra cosa que una fregona distin- 
guida, ni ningún aplaudido autor como yo, 
puedo consentir lo que aqui pasa. 
¡Lo mismo digo: un inspirado compositor 
como yo, no puede oir con calma que le 
graznen su obra unos cómicos de tres al 
cuarto! 

Cualquiera que les oiga á ustedes creerá que 
usted es un Echegaray ó un Benavente y 
usted un Caballero ó un Chapí... y yo ya es- 
toy harto de aguantar sus exigencias para 
que luego nos peguen una grita como en to- 
das sus obras y me obliguen á hacerla dos- 
cientas noches. 

A mí me llama toda la prensa el aplaudido 
autor. 

¡Cuando habla de usted sin estrenar, pero 
cuando estrena usted le llaman burro. . y 
con razón! 
¡Oiga ustedl... 

¡Sí, señor! aquí ya nos hemos conocido: á 
fuerza de hacer gastar dinero á las empre- 
sas; acertando una vez y equivocándose cna- 



— 40 — 

renta; dándose una importancia ridicula; 
hablando mal de todas las obras que no son 
suyas, y robando argumentos, chistes y has- 
ta obras enteras... está usted ganando un di- 
neral gracias á la paciencia de este paciente 
Empresario. 

Aplau. ¡Yol ¡yo!... 

Insp. ¡No podemos tolerar! 

A. Emp. ¡Y usted lo mismo!... En sus obras de usted 
hay música de todo el mundo menos suya: 
¡en cuanto usted se sienta al piano, Dios se 
queda sin música! ¡Africana, Hugonotes, Aida, 
todas las óperas las ha convertido usted en 
tangos y cuplets!... ¡Así clarito! 

Aplau. ¡Está bien! ¡Esta será la última obra nues- 
tra!... 

A. Emp. ¡Eso quisiera yo! 

Aplau. ¡Sobran teatios donde estrenar un aplaudi- 
do autor y un inspirado compositor como 
nosotros! 

A. Emp. ¡Por eso pasa lo que pasa, porque sobran 
teatros y autores como ustedes! 

Insp. ¡Y empresarios como usted que se arruinan 

por hacer tiple á su criada!... 

A. Emp. ¡Esa es cuenta mía!... y basta y continúen 
el ensayo. 



ESCENA II 



DICHOS y TTN INSPECTOR y luego UN AVISADOR 



Inspeic. ¡Alto! ¡Alto, señores! Esto no lo puedo con- 
sentir; el cuadro dura cincuenta minutos y 
el gobernador me ha dado orden de que no 
dure cada obra más que cuarenta y nueve- 
voy á consultar por teléfono con su excelen- 
cia. (Mutis.) 

Insp. Pero, ¿quién es ese? 

A. Emp. ¡El celoso inspector! ¡No hace más que esto, 
ni sale del teatro día y noche! 

Aplau. Así anda el distrito; 

A Emp. Bueno, ¿seguimos el ensayo? 



— 41 — ■ 

Aplau. ¡Pero como vamos á hacer el ensayo gene- 
ral sin el popular actor cómico! 

Insp. ¿Dónde estará metido ese hombre? 

A. Emp. ¡En la taberna; por eso es popular! 

Aplau. ¿Y la sugestiva tiple, tampoco ha venido? 

A. Emp. Como es sugestiva trasnocha ¡porque hace 
sugestiones por la noche! 

Aplau. ¡Bueno está el artel 

Avis. (saliendo.) ¡Ya están ahí! ¡ya se puede seguir 

el ensayo! 

Insp. ¡Gracias á Dios! 

Aplau. Ensayaremos el último cuadro. «El país de 
las danzas». 

A. Emp. Lo que yo me temo es que no esté claro lo 
que eeo quiere representar. 

Aplau. ¡No ha de estarlo! Es un símbolo y significa 
que España es un país donde las desgracias 
y las contrariedades de la vida se han toma- 
• do siempre á broma. La frase popular: en 
mi casa no comemos, .pero nos reimos las 
tripas. 

Insp. Y tomado el baile desde los tiempos primi- 

tivos, venimos á parar á las inevitables pan- 
torrillas, el socorrido tango y el indispensa- 
ble couplet... cosas todas de cajón en una 
revista. 

A. Emp. ¡Con tal que el público lo entienda! 

Aplau. El público entiende todo lo que está bien 
hecho. 

A. Emp. Por eso temo que no entienda esto. 

Aplau. Vamos al ensayo. 

A Emp. Todos preparados. 

Aplau. «El país de las danzas». 



MUTACIÓN 



42 — 



CUADRO SEXTO 
La danza de los dioses 

Decoración á todo foro, que simboliza el baile, pero recordando di- 
ferentes edificios de épocas diversas, desde los tiempos remotos 
hasta nuestros dias. 



ESCENA PRIMERA 

Los PRIMITIVOS: en trajes verdaderamente primitivos; mallas cobri- 
zas como la cara y manos: pelo suelto y desgreñado: pieles de tigre, 
etcétera: pulseras con cascabeles en tobillos y muñecas: son dos mu- 
jeres y tres hombres: su danza ha de estar en relación con la músi- 
ca y con la época que representan. Los EXPULSADOS: seis ú ocho 
mujeres, de moros, con turbante, alquicel, alfanje, etc. Los TERRI- 
BLES: de soldados de los tercios de Flandes: también han - de ser 
mujeres y han de sacar espadas desenvainadas para que su danza 
resulte una esgrima de la época. Los INOFENSIVOS: majos y majas 
de madroño y redecillas: Los (JÜRSIS: hombre y mujer; perfecto re- 
medo de los figurines de 1870 á 72: el polisón de ella ha de ser exa- 
geradísimo, como la sobrefalda y el peinado y sombrero; y lo mis- 
mo el chaquet de él y el sombrero de copa y los pantalones de exa- 
geradísima campana: bailarán á grandes saltos polka de punta y ta- 
cón. Las SUGESTIVAS: dos coupletistas, pero con sombreros cordo- 
beses como para bailar tango. Los POSTERGADOS: han de ser, hom- 
bre y mujer, los dos artistas más altos y delgados de las compañías; 
él vestirá de frac y clac, peinado modernista de raya en medio, pe- 
gadísimo y lamido, grandes ojeras; ella de seda toda de negro: es- 
curridísima: peinada á lo Cleo, exageradamente: ojeras, delgadez: 
han de resultar dos tipos escuálidos, lángidos y enfermizos; los mo- 
vimientos del baile han de ser lánguidos y pausados, casi tamba- 
leándose. Los SATISFECHOS: el contraste de los anteriores; hombre 
y mujer gordísimos; ella vestida de bebé y él de marinerito; carri- 
lleras, botargas: pantorrillas todo lo más gordo posible: lucirán am- 
bos las piernas: serán coloradotes, risueños y satisfechos, y su baile 
ágil y ligero contrastando con el anterior, y con su gordura 

(Van saliendo los personajes, conforme van cantando y quedan todos 
en escena hasta el final.) 



— 43 — 



Música 



Prim. 



Exp. 



Tem. 



Todos 

Inof. 

Todos 



Júpiter, Júpiter, 
Hércules, Hércules 

ah, 
vándalos, vándalos 
bárbaros, bárbaros 

ah. 
(Bailan.) 

Al compás de la marcha morisca 
lloran tristes los hijos de Alá, 
y con danzas y gritos de guerra 
su venganza cumplida verán. 
En Granada Isabel y Fernando 
nos dejaron sin patria ni hogar, 
pasan siglos y Europa inhumana 
de otra patria nos quiere arrojar; 
rabia y furia, 
sangre y fuego, 
por M ahorna es nuestro sino 
siempre pelear. (Bailan.) 
Con el valor y la osadía 
con arrogante altanería, 
y con cinismo y con valor 
se triunfa siempre del amor; 
y en el fragor de la batalla 
el corazón de gozo estalla, 
porque es hermoso perecer 
por conquistar á una mujer. (Baile.) 
Con el valor y la osadía... etc. 

El rey don Carlos cuarto 

se va de caza, 
y Godoy mientras tanto 

se mete en casa, 

y al estribillo 
se cuelan los franceses 

por el portillo; 

baila, chiquilla 

sin descanear, 

y no te importe 

quien va á mandar, 

si los franceses 



— 44 — 



quieren entrar, 
que los reciba 
su majestad. 

(Bailan cuatro bailarinas.) 

Cursis Yo te quiero, me quisiste 

tú me amaste, yo te amé, 
tú nada al fin me cumpliste 
y yo al cabo te olvidé. 
Todos Qué chistera tan preciosa 

que elegante pantalón, 
y qué bien está la dama 
con su enorme polisón, ¡póm! 
Sug. El tango, 

desterró para siempre al fandango, 

disloca, 
y al bailarlo se vuelve una loca; 

¡Caderas! 
muévelas á compás lo que quieras, 

¡no apriete! 
que me va á resultar molinete. 
Todos ¡Arzal ¡Toma! 

¡Duro! ¡Dale! 
Sug. Zumba, que zumba, que zumba, 

dale, que dale, que dale, 
dale al tanguito lo suyo 
y no me des más achares, 
toma, que toma, que toma, 

¡uy, uy, uy! 
se me subleva la sangre, 

mamá, 
y que se chinchen la Otero, 
la bella Guerrero y la Tortajá. 
Todos Zumba, que zumba, que zumba, etc. 

Post. Los postergados muy desgraciados 

sin adjetivos de cualidad, 
por envidiosos enflaquecemos 
y moriremos criticando á los demás. 

(Bailan un «cake walk» tristísimo.) 
SATISFECHOS (Rebosando alegría.) 

Muy satisfechos 
de nuestra suerte, 
pues todo el mundo 
en la nación 
nos toca él bombo 



— 46 — 



Todos 



constantemente, 

y así engordamos 

de satisfacción. 

Estos son, estos son 

los couplets de la exageración. 



Estos son, etc.. 



SAT. a Se exagera de tal modo... 

Sat.o Que hay quien dice por decir. 

SAT.a Que va. Weyler al Senado... 

Sat.® Con camisa de dormir. 



Sat.» Con Vadillo y con La Cierva... 

Sat.o Y el señor Millán Astray... 

Sat.» A las doce hay que acostarse... 

Sat.o Mejor están en Bombay. 

Todos Estos son, estos son 

los couplets de la exageración. 

Los dos De aquí vamos á la prevención. 

Todos Y acaba la función. (Bailan ios satisfechos.) 



ESCENA II 



DICHOS y el INSPECTOR 



Hablado 



Insp. 
Emp. 
Insp. 



Emp. 
Insp. 

Emp. 

Insp. 



Todos 



¡Alto! ¡Alto! 
¿Qué pasa? 

hJsos couplets son abusivos... y los tísicos se 
prestan á reticencias... y los gordos tienen 
doble fondo... ¡voy á consultar! 
¡Oiga usted! 
¿Qué pasa? 

¿Se ha capturado ya al de la calle de Tu- 
descos? 

No tenemos tiempo para ocuparnos de pe- 
queneces... esto... ¡esto de los teatros es lo 
importante para la nación!... ¡Voy á consul- 
tar! (Mutis.) 
¡Ja, ja, ja! 



— 46 — 

SAT. a ¿Y qué tal resulta la obra? 

Emp. A mí me parece expuesta, porque estos se- 

ñores se meten cou todo el mundo, menos 
con el severo crítico y el respetable público. 

Autor ¡Cualquiera se atreve! 

Sat.o El crítico ya se meterá mañana con nos- 

otros, y el respetable... 

SAT. a ¡Yo me atrevo con él! 

Todos ¿Tú? 

SAT.a (Al público ) 

No quiero que hagas así; (patear.) 
y si la obra te disgusta 
no la grites... que me asusta, 
¡anda, aplaúdela por mí! (Telón.) 



FIN DE LA SÁTIRA 



OBRAS DE LUIS DE LARRA 



COMEDIAS 

Salirse con la suya. 

La avaricia rompe el saco. 

A cual más loco. 

Avisos útiles. 

/Fuego! 

¡Conferencia! (monólogo). 

La invasión de los bárbaros (dos actos). 

La venida de Pepita, i 

Los gemelos. > Estrenadas en la Habana. 

Honra por honra. \ 

El diluvio universal (dos actos). 

«Mar quilla (hijo)». 

¡Los nervios! (entremés). 

Modernismo (dos actos). 



ZARZUELAS 

En un lugar de la Mancha (música de Arnedo). 

Entre primos (música de Gómez). 

Perder la pista (música de Llanos). 

Cuadros insolentes (estrenada en la Habana). 

La menina ó el timo del portugués (música de Alvarez de 

Toledo). 
Chirimoya ó la Reina Sanguinaria (música de Calleja y 

Lleó. 
El maestro de obras (música de Cereceda). 
Gimnasio modelo (música de Cereceda). 
La trapera (música de Caballero y Hermoso). 
La inclusera (música de Caballero y Valverde, hijo). 
La galerna, (música de Valverde, hijo). 



La guardabarrera (música de Torregrosa). 

Biblioteca popular (música de Valverde, hijo, y Calleja;. 

La planchadora (tres actos), música extranjera. 

¡Que se xa á cerrar! (música de Torregrosa y Calleja). 

La diosa del placer (música de Calleja). 

Los falsos Dioses (música de Torregrosa). 



En colaboración con otros autores 

Perico el de los palotes (música de Taboada). 

Lista de compañía (música de Caballero). 

La noche del 31 (música de Caballero). 

Don Manuel Buiz (música de Caballero). 

Septiembre, Eslava y Compañía (música de Caballero). 

Los emigrantes (música de Brull). 

Los Isidros (música de Caballero). 

Muerte, juicio, infierno y gloria (música de Caballero). 

Quítese usted la bata (música de San José). 

Hace falta un caballero (música de Caballero). 

Los calabacines (música de Nieto). 

Las cuatro estaciones (música de Caballero). 

El fantasma de fuego, dos actos (música de Caballero). 

De Herodes á Pilatos (música de Caballero). 

Los extranjeros (música de Caballero). 

El hijo de su excelencia (música de Giménez). 

Los invasores (música de Valverde, hijo). 

Los dineros del sacristán (música de Caballero). 

La Menegilda (música de San José). 

Los rábanos por las hojas (música de Caballero y Cha- 
lóns). 

La rueda de la fortuna (música de Caballero y Hermoso). 

San Gil de las afueras (música de Caballero y Hermoso). 

El turno de los partidos (música de Rubio). 

Aprieta constipado ó catarro nacional (en colaboración con 
nueve autores y diez compositores). 

Los figurines (música de Caballero, Cereceda, Giménez, 
Nieto, Rubio, Arnedo, Herir. oso y Mario Caballero). 

«La perla de Oriente» (música de Hermoso). 

El parto de los montes, ó Madrid se divierte (música de 
Caballero y Chalons). 

La revolución social (música de Calleja y Lleó). 

Mundo, demonio y carne (música de Caballero y Valver- 
de, hijo). 



La coleta del maestro (música de Cereceda) . 

¡¡¡Siempre p 1 atrás!!!... (música de Lleó). 

Las bellas artes (música de Caballero y Hermoso). 

La tarasca (música de Valverde, Calleja y Lleó). 

¡¡La peseta enferma!! (música de Chapí). 

Las piedras preciosas (música de Lleó). 

La borrica (música de Torregrosa). 

La guitarra (música de Valverde, hijo, y Torregrosa). 

Lia ola verde (música de Valverde, hijo, y Calleja). 

Lia Machaquito (música de Giménez y Vives). 

A la piñata ó la verdadera matchicha (música de Hermoso 

y Calleja). 
La cañamonera (música de Torregrosa). 
El solitario (ídem id.). 



Precio: QNGL peseta